lunes, 6 de septiembre de 2010

Mismo amor, nueva etapa

Quedan pocos días para que me reincorpore de nuevo al trabajo remunerado, después de mi excedencia por maternidad. Los mismos días que faltan para que Anna comience su etapa escolar.
He tenido la suerte de poder estar tres años y cuatro meses al lado de mi hija, acompañándola, y viviendo muy intensamente cada uno de sus progresos en la vida. A la vez, he podido estar mucho más cerca de mi hijo Marc.

Estos años nos han servido, a Anna y a mi, para conocernos, para experimentar juntas, para decirnos que nos queríamos cuando nos apetecía, para bailar, para nadar, para cocinar juntas, para olernos, para acariciarnos, para saciarnos de contacto, de mirada y de presencia, para darle pecho en cualquier momento y en cualquier lugar, para cogerla en brazos, para dormir a su lado, para consolarla cuando lo ha necesitado, para ver pasar la vida, para enamorarnos…
Instintivamente decidí quedarme con mi hija porque quería una maternidad consciente y una feliz crianza. Conocedora de que los menores de 3 años toleran mal las separaciones, fui alargando la excedencia. Ahora considero que mi hija ya ha elaborado un apego seguro, y a partir de su vínculo conmigo, será capaz de establecer otras figuras de apego secundarias. Sé que cuanto más sólida y más segura sea la relación conmigo, más sólidas serán las relaciones que mi hija establecerá con el resto del mundo, a lo largo de toda su vida. Los niños que han tenido una relación muy intensa y druradera con la madre, los que han tenido más brazos, más contacto, más mimos, más juegos, más risas, son los que mejor se adaptan a la separación.

Afortunadamente no dejé que las normas establecidas, me obligaran a vivir mi maternidad en contra de mis instintos, porque estoy convencida de que a raíz de mutilar los deseos de estar con mi hija, habría surgido algún conflicto.

Me siento más realizada que nunca, aunque a las mujeres se nos haya engañado con la pseudo-liberación. Durante mucho tiempo nos han contado que nuestra realización depende de nuestra inclusión en el mercado laboral.

Las mujeres que tomamos la decisión de quedarnos en casa para acompañar a nuestros hijos, a veces somos criticadas porque renunciamos a nuestro trabajo, porque disminuimos nuestra actividad social, o simplemente porque “no hacemos nada”. Sin tener en cuenta que la actividad más importante que los padres pueden hacer a lo largo de su vida es criar a sus hijos. Porque el cariño ilimitado de los primeros años les darán la confianza en sí mismos y en el mundo que les rodea, para iniciar el camino de la independencia, y porque ese cuidado formará las bases de los adultos del futuro. ¿Alguien conoce algún trabajo remunerado más importante? Yo no.

Tomar la decisión de quedarse con los hijos, es costosa económicamente, porque durante todo este tiempo no se cobra, incluso te retiran los 100 euros asignados por ser madre trabajadora, cuando se acaba la baja por maternidad. Muchas familias no tienen el poder de elección porque viven en situaciones económicas precarias. Pero otras veces es cuestión de imaginación. Muchas madres hacen verdaderos malabares para eliminar lo superfluo de sus vidas y poder así arañar algún euro para alargar sus permisos de maternidad.

En todo este camino he tenido la comprensión, el apoyo, la colaboración, la compañía y el amor de mi compañero de viaje, sin él hubiera sido más difícil. En él he visto el padre amoroso que siempre he querido para mis hijos. Ha sabido alentarme y contenerme cuando lo he necesitado y me ha hecho sentir la mejor madre del mundo. Esta colaboración en la crianza, viene a compensar la falta de tribu con la que nos encontramos las mujeres, especialmente las que decidimos criar conscientemente a nuestros hijos.

Y al lado de su padre, Marc, el pequeño Marc, que acaba de cumplir 7 años. Él me hizo nacer como madre, y él me enseñó a maternar, a criar y a lactar. Él me empoderó, él me conecto con mi instinto. Después de su nacimiento nada volvió a ser igual, me sentí hermanada con todas las madres del mundo a través de un lazo invisible de unión y de solidaridad. Y con él y con Anna, sigo aprendiendo a diario a ser mejor madre y mejor persona.

Gracias por cambiarme la vida.

7 comentarios:

Violeta dijo...

Mª José, bonica, molta sort en aquesta nova etapa familiar.
M'ha encantat aquest post, tan personal, tan des del cor, i tan compartit per altres mares com jo. Em sento plenament identificada amb cada una de les teves paraules (excepte amb tornar a treballar remuneradament, que encara em queda molt lluny).
Que ho visqueu molt i molt bé tots 4.
Petonets.

Alberto dijo...

Y yo como papa tambien me identifico, aunque lo mio haya sido mucho mas "light"... y tambien os quiero mucho a ti y al papa de las criaturas, y seguis muy altos en mi lista de "superpapas" y "superamigos". Besinos!

Montse dijo...

Mª Jose, que escrito mas bonito y que razon tienes con la pseudo liberacion... Un abrazo y que suerte haber podido disfrutar contigo de estos 3 años.

Ileana dijo...

Qué grandes verdades, M. José.

El día que me di cuenta de todo esto, supe que había salido de Matrix, que todo cobraba un nuevo sentido, que empezaba a comprender en qué consiste la vida...

Qué foto tan hermosa, qué familia tan grande.

Seguramente cuando tenga un segundo hijo me plantearé lo mismo, con todo lo ya ha aprendido.

Un abrazo muy fuerte!!! Y suerte en la nueva etapa!!!

Aina dijo...

Acabo de llegir aquesta entrada al vostre llibre i m'ha encantat. Enhorabona!

Aina dijo...

Estic llegint el llibre "Una nueva maternidad" i m'ha encantat la teva entrada! Salutacions des de Mallorca!

julieth orozco dijo...

Simplemente precioso! Un beso Maria Jose